El pasado 4 de noviembre la jugadora Hamraoui del equipo femenino del PSG fue asaltada por unos encapuchados en su coche y agredida con una vara de hierro. Los asaltantes propinaron varios golpes en las piernas de la jugadora, causándole lesiones que le han apartado de los últimos encuentros del equipo.

Varios trabajadores del club habrían apuntado a que puesto que los asaltantes no robaron nada, la agresión se podía deberse a motivos futbolísticos. La policía, en el marco de la investigación, habría sospechado de su compañera y amiga Aminata Diallo, quien habría sido detenida en las últimas horas. Según las sospechas, Diallo compartiría posición con Hamraoui y en vistas de que no podría arrebatarle la titularidad, la jugadora habría contratado a unas personas para lesionar a su compañera y así poder recuperar su puesto en el equipo, y la selección, a la que no había sido llamada en el último parón.

El club habría emitido un comunicado condenando lo sucedido y poniéndose a disposición de las autoridades para esclarecer lo ocurrido, pues es de una extrema gravedad. Hamraoui ya se recupera de sus lesiones, mientras que Diallo sigue detenida a la espera de más novedades en la investigación.

Las fuentes cercanas al equipo aseguran estar consternadas por lo ocurrido y comentan que Diallo y Hamraoui eran amigas y que compartían el tiempo juntas. Todavía no se puede culpar a Diallo de lo sucedido, ya que ante todo debe prevalecer la presunción de inocencia. El deporte consiste en la competencia sana, entre rivales y propios compañeros de equipo, pero esa rivalidad nunca puede superar la barrera de la violencia. Por desgracia, a veces la pasa, por eso debemos preguntarnos si realmente estamos fomentando una competencia sana entre deportistas desde jóvenes, a los que inculcamos que lo único válido es ganar y triunfar, cuando no es así.